Desde hace más de tres décadas, Tim Bernhardt investiga las posibilidades artísticas y sonoras de la madera de agave, transformando una de las siluetas más icónicas del paisaje almeriense en piezas únicas. Su trabajo ha dado lugar a una línea pionera de investigación y aprovechamiento integral de la “Madera del Desierto”. Más que un artesano, se ha convertido en un referente, forjando productos prestigiosos e innovadores que trascienden la simple adquisición de objetos.
Con más de treinta años de dedicación, Tim no solo destaca por su compromiso medioambiental, sino que respalda su trabajo con certificaciones oficiales que validan los más altos estándares de calidad y sostenibilidad.
Tim ha participado en una amplia variedad de exposiciones, talleres, mercados y festivales de música lo que le hace ser reconocido a nivel internacional, promoviendo los beneficios del Agave y su relación con la música, el arte y la sostenibilidad.
Conoce la historia, la filosofía y el recorrido que hay detrás de este proyecto en esta entrevista. (Consulta versión en inglés)
Nacido en Hamburgo (Alemania) en el seno de una familia de músicos trotamundos con un bagaje multicultural, Timbe es un apasionado de la madera de agave desde 1993, además de multi-instrumentista y autor de sus propias canciones.
Las impresiones de innumerables viajes a lugares como Turquía, Chile y más de 10 países del continente africano le han moldeado de por vida y hicieron despertar su pasión por la Fotografía de Agave, por la Fotografía del Mundo y el activismo social como socio fundador de la ONG de su familia LIVE, LOVE & LEARN con proyectos en Malawi, Eswatini y Etiopía.
En el mosaico de su trayectoria, TROPICAL GOLD brilla como una iniciativa única. Fundada por su hermano Philipp, este colectivo de Artistas Internacionales descubre e impulsa artistas a través de experiencias musicales únicas, mientras define la música como elemento fundamental para el desarrollo social.
Comenzamos este viaje aterrizando en Almería, España. Corría el año 1993 cuando Timbe descubrió un lugar en el Sur de Europa que le conquistó por su clima, su naturaleza y sus paisajes desérticos.
«Así, explorando los parajes más recónditos, llegué a Las Negras, donde conocí a Pedro, un constructor de tambores y músico extremeño que acabaría convirtiéndose en mi maestro. Fue él quien me llevó a Sorbas y quien me enseñó por primera vez las posibilidades del tallo floral de la pita. El 3 de noviembre de 1993 terminamos juntos mi primer tambor, bautizado con el nombre ‘Timbe Drum’. Ese fue el momento en que comenzó todo.
Aquel día no solo descubrí un oficio que unía mis tres grandes pasiones —los viajes, la música y la madera—. También comenzó una relación con una planta que, con el paso de los años, se convertiría en el eje de mi vida. Desde entonces, la pita me ha acompañado en cada etapa del camino: me ha permitido crear instrumentos, artesanía, experiencias y proyectos que jamás
habría imaginado entonces.
Más de treinta años después, sigo aprendiendo de ella. Lo que comenzó con un tambor se ha convertido en una fuente inagotable de inspiración que continúa abriéndome nuevos caminos.»
El Centro Artesano de la Pita es mucho más que un espacio dedicado a la artesanía. Es un espacio vivo donde el paisaje, la artesanía, el sonido y la creatividad se convierten en una experiencia para personas de todas las edades. Cada visita ofrece una forma diferente de vivir este lugar: descubrir la historia y el potencial de la madera de pita, conocer el proceso creativo y conectar con la cultura, la naturaleza y la identidad de este territorio a través de una planta que, desde hace siglos, forma parte del paisaje almeriense y también de muchas culturas del mundo.
Aquí no se viene simplemente a observar. Cada visitante aporta su propia mirada. Músicos descubren nuevos sonidos, quienes trabajan con la madera se interesan por el material, las familias comparten un tiempo creativo y muchas personas encuentran una forma diferente de acercarse a la naturaleza, la sostenibilidad y la cultura de esta tierra. No se trata solo de transmitir conocimientos, sino, sobre todo, de generar encuentros.
No importa la edad ni la experiencia previa. La madera de pita permite que prácticamente cualquier persona pueda crear con sus propias manos y descubrir capacidades que quizá no imaginaba tener. Muchos llegan pensando que visitarán un pequeño taller artesanal y terminan viviendo una experiencia que inspira, crea conexiones y deja huella mucho después de regresar a casa. Quizá por eso, una de las frases que más se escucha al despedirse es: «¿Cuándo volvemos?»
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